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El Día de la Bahía de Santa Lucía

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Cuando a principios del año 2002 se dio cauce a la inquietud en torno a la restauración de la Reina de los Mares, cuya Imagen original estaba por cumplir ya 43 años sumergida en el fondo marino en un arrecife, en el punto conocido como Islote de la Yerbabuena, a través de la conformación del Comité para la Restauración de la Reina de los Mares A. C. Durante la consecución del consenso en torno a ese trabajo, y al encuentro de las distintas organizaciones de la sociedad civil acapulqueña fue surgiendo la inquietud de que la iniciativa no solamente fuera la simple reparación de una escultura sin alma, sino que surgía a cada paso la conciencia de que la Reina de los Mares era la decana de las esculturas que constituyen el patrimonio del Puerto de Acapulco y que, junto con La Quebrada, y otros puntos de interés, era uno de los símbolos más reconocidos del Puerto.

Se llegó a la conclusión de que la RESTAURACIÓN no solo significaba la reposición en el trono de un rey destronado, sino también un periodo histórico que comienza con esta reposición. Y aplicado esto a la Reina de los Mares implicaba la recuperación de todos los aspectos artísticos, culturales y sociales de esta importante presencia mariana en Acapulco.

El Excelentísimo Señor Arzobispo de Acapulco Don Felipe Aguirre Franco sintetizó todas estas inquietudes en la propuesta de lograr la reapropiación popular de un acontecimiento de la historia fundacional de la ciudad y puerto de Acapulco como es el Descubrimiento de la Bahía, un 13 de Diciembre de 1521, por el Capitán Francisco Chico.

Se encargó al Comité para la Restauración de la Reina de los Mares A. C. que llevara a feliz término la iniciativa, una ves terminada con éxito los trabajos en torno a la fabricación de una nueva Imagen, que finalmente fue bendecida por el Papa Juan Pablo II en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, durante su Quinta Visita a nuestra Patria, y precisamente en el marco de la gloriosa Canonización de Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

La escultura finalmente fue colocada en un nuevo altar submarina, apostado muy cerca del original, un 18 de Agosto de 2002, en el marco del Año Jubilar para la Arquidiócesis de Acapulco por los 375 Años del Martirio del Beato acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel, ceremonia presidida por el Nuncio Apostólico en México Monseñor Giuseppe Bertello, quien estuvo presente en la inmersión de la Imagen en el Islote de la Yerbabuena.

Cabe mencionar que, tanto en los trabajos referentes a la Reina de los Mares, como en la realización del Día de la Bahía, tuvieron invaluable labor por un lado: a) El Comité para la Restauración de la Reina de los Mares. Y por otra parte: b) La Secretaría de Fomento Turístico del Estado de Guerrero. C) La administración municipal en turno.

De esta manera, la Reina de los Mares, y la conmemoración del Día de la Bahía de Santa Lucía, han caminado de la mano para llegar a esta feliz fiesta que ahora presenciamos.

Cada 13 de Diciembre se ha venido conmemorando la efemérides del Descubrimiento de la Bahía de Acapulco en 1521, día de Santa Lucía, cuando la Bahía de Acapulco es descubierta por el Capitán Francisco Chico.

Hay un hecho innegable, los usos y costumbres de los conquistadores, como españoles y católicos, imbuidos en una mentalidad de cruzada, sabemos que el nombre impuesto a la bahía corresponde a la Santa del día: Santa Lucía. Joven noble de Siracusa, que encontró la muerte al defender su virginidad, y negarse a casarse con el novio pagano a quien había sido comprometida por su padre antes de morir.

La joven fue denunciada en medio de la persecución de los primeros cristianos por su propio prometido, le impusieron diversos castigos que no tuvieron éxito. En el proceso el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos, a lo que ella misma se los arrebató para entregarlos. Lucía recobró la vista y sus ojos eran más hermosos que antes. Finalmente la decapitaron.

Su culto pronto se extendió por todo el orbe cristiano, y su nombre aparecerá desde muy temprano en el canon de la Misa Romana y de Milán. Se le invoca como patrona de las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz.

Significado del evento.-

Es claro que la ciudad y puerto de Acapulco surge de las aguas de la Bahía como de un líquido amniótico, es por eso que el Ayuntamiento Municipal, a petición de un amplio grupo de la sociedad civil y de las autoridades Eclesiásticas, institucionalizaron el Día de la Bahía de Santa Lucía, el 13 de Diciembre del 2002, ratificado en sesión de Cabildo del día 27 de Diciembre del 2003 por votación unánime.

El objetivo de esta festividad, es recuperar nuestro pasado histórico; promover la importancia de nuestro símbolo natural como es la Bahía, alrededor de la cual nacemos, crecemos, y morimos; y fomentar una amplia gama de proyectos culturales, religiosos e institucionales en los que se promueva Acapulco de una manera innovadora.

El Evento.-

Año con año, el evento ha tenido cuatro momentos, todos ellos muy emotivos.

A. El programa de la efemérides ha iniciado siempre alrededor de las tres de la tarde cuando los lancheros de Caleta y Caletilla realizan un recorrido por mar escoltando una réplica de la Reina de los Mares por toda la Bahía de Santa Lucía, desde Caleta hasta el lugar escogido. Han participaron principalmente lanchas propiedad de las distintas escuelas de buceo, y embarcaciones de fondo de cristal, de las que realizan recorridos entre Caleta y Caletilla y la Isla de la Roqueta y el Islote de la Yerbabuena para ver a la Reina de los Mares. Y diversos grupos de buzos.

B. Después, alrededor de las 5 o 6 de la tarde, se da lugar a un acto religioso, la Santa Misa Presidida por el Arzobispo de Acapulco Don Felipe Aguirre Franco; acompañado siempre por el Arzobispo emérito Don Rafael Bello Ruiz. El primer año se realizó en al Playa Papagayo, cerca del asta bandera; los siguientes años en la Plaza de la Heroica Escuela Naval (antes parque de la Reina). Han acompañado musicalmente la Misa, tanto el Coro Voces de Santa Lucía, como el coro carismático de Las Cuevas de la Mira.

C. Terminada la Misa, se da lugar a un Acto Cívico que inicia con honores a la Bandera Nacional, dirigidos por la Banda de Guerra de la VIII Zona Naval.

Y en un segundo momento se han tenido discursos oficiales: tanto de la primera Autoridad del Municipio, el los primeros años el Lic. Alberto López Rosas, en esta ultima ocasión el Ingeniero Félix Salgado Macedonio.

En los primeros años también tuvimos la representación del gobierno del Estado en la Secretaria de Turismo la Licenciada Guadalupe Gómez Maganda.

Como corolario, el Arzobispo de Acapulco dirige unas palabras clausurando el acto.
D. Como último momento, los miembros de la Asociación Internacional de Motociclistas A. C. hicieron guardia para escoltar, alrededor de las 10 de la noche, por la Costera Miguel Alemán a la réplica de la Reina de los Mares, en un carro alegórico adornado de flores, hasta el lugar donde esta imagen es guardada. En este último año, correspondió al Moro Club Aca Riders la escolta.

En el año 2003, se tuvo como particularidad que el Alcalde Alberto López Rosas, dio lectura del Decreto con el cual se institucionaliza el Día de la Bahía de Santa Lucía, y dirigió un discurso de alto contenido histórico. Estuvieron en el acto el Cabildo en pleno. Con la representación personal del gobernador del Estado, la Licenciada Guadalupe Gómez Maganda, Secretaria de Turismo, dirigió un discurso que retomó ampliamente los trabajos históricos de su padre en torno al Puerto de Acapulco. Participó la poetisa Blanca Reina, Directora de la Casa de la Cultura. Así como el Cronista de la Ciudad Díaz Clavel.

En el año 2004, la participación de la Orquesta Filarmónica de Acapulco, nos obligó a cambiar de lugar, el evento se realizó en la Plaza Heroica Escuela Naval. El Maestro Eduardo Alvarez dirigió la Orquesta deleitando con melodías regionales. Como parte de los festejos y previo al acto cívico, el Alcalde López Rosas develó una placa conmemorando el primer aniversario, en la Playa Papagayo.

En el año 2004, se logró una mayor participación de parte de los lancheros de Caleta y Caletilla. Problemas de logística impidieron la participación de la Orquestra Filarmónica de Acapulco, pero desde entonces se ha visto que el mejor lugar para el evento es la Plaza de la Heroica Escuela Naval.

El pasado 2005, el evento incluyó por primera vez al Moto Club Aca Riders, quienes realizaron la escolta de la Reina de los Mares. Esta cuarta edición de este Día de la Bahía de Santa Lucía, contó con la participación del nuevo alcalde Ing. Félix Salgado Macedonio, quien dirigió un mensaje alusivo a la efemérides.

Sobre Santa Lucía, Virgen y Mártir (304).-

De acuerdo con “las actas” de Santa Lucía, nuestra santa nació en Siracusa, Secilia (Italia), de padres nobles y ricos y fue educada en la fe cristiana. Perdió a su padre durante la infancia y se consagró a Dios siendo muy joven. Sin embargo, mantuvo en secreto su voto de virginidad, de suerte que su madre, que se llamaba Eutiquia, la exhortó a contraer matrimonio con un joven pagano. Lucía persuadió a su madre de que fuese a Catania a orar ante la tumba de Santa Agata para obtener la curación de unas hemorragias. Ella misma acompañó a su madre, y Dios escuchó sus oraciones. Entonces, la santa dijo a su madre que deseaba consagrarse a Dios y repartir su fortuna entre los pobres. Llena de gratitud por el favor del cielo, Eutiquia le dio permiso. El pretendiente de Lucía se indignó profundamente y delató a la joven como cristiana ante el pro-consul Pascasio. La persecución de Diocleciano estaba entonces en todo su furor.

El juez la presionó cuanto pudo para convencerla a que apostatara de la fe cristiana. Ella le respondió: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo”.

El juez le preguntó: “Y si la sometemos a torturas, ¿será capaz de resistir?”.

La jovencita respondió: “Sí, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor”.

El juez entonces la amenazó con llevarla a una casa de prostitución para someterla a la fuerza a la ignominia. Ella le respondió: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consciente”. Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo de la Iglesia, admiraba esta respuesta de Santa Lucía. Corresponde con un profundo principio de moral: No hay pecado si no se consiente al mal.

No pudieron llevar a cabo la sentencia pues Dios impidió que los guardias pudiesen mover a la joven del sitio en que se hallaba. Entonces, los guardias trataron de quemarla en la hoguera, pero también fracasaron. Finalmente, la decapitaron. Pero aún con la garganta cortada, la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra “amén”.

Aunque no se puede verificar la historicidad de las diversas versiones griegas y latinas de las actas de Santa Lucía, está fuera de duda que, desde antiguo, se tributaba culto a la santa de Siracusa. En el siglo VI, se le veneraba ya también en Roma entre las vírgenes y mártires más ilustres. En la Edad Media se invocaba a la santa contra las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz. Ello dio origen a varias leyendas, como la de que el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos y ella recobró la vista.

Cuando ya muchos decían que Santa Lucia es pura leyenda, se probó su historicidad con el descubrimiento, en 1894, de la inscripción sepulcral con su nombre en las catacumbas de Siracusa. Su fama puede haber sido motivo para embelezar su historia pero no cabe duda de que la santa vivió en el siglo IV.

El nombre de Lucía significa “luz”. Dante Alighieri en la Divina Comedia atribuye a Santa Lucía el papel de gracia iluminadora.

El hecho histórico.-

El historiador por excelencia de Acapulco, es y seguirá siendo Tomás Oteiza Irirarte, quien en diciembre de 1975 publicó su historia Editorial Diana, con el título: “Acapulco, la ciudad de la Nao de Oriente y de las sirenas modernas”. Trabajo carente tal ves de las necesarias referencias bibliográficas que la moderna ciencia histórica exige, pero que sale bien librado de un análisis de su coherencia interna.

En el capítulo II, que se titula: “En busca del mar del Sur”, p. 43, desanuda el estado de la cuestión, ubicando el descubrimiento de la bahía y su nomenclatura, basándose en una obra que lleva por título “Décadas”, de un tal Herrera, en la expedición organizada bajo la orden de Hernán Cortés, posterior a la toma definitiva de Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, que recorrió el S. O. del mar del sur con destino a Zacatula, bajo el mando de Francisco Chico, quien recorrió el mar del sur saliendo de la desembocadura del río Balsas hacia el S.E. Hasta llega Tehuntepec. “Este Francisco Chico fue por tanto quien descubrió a Acapulco, y como era su misión conocer todos los lugares que podían servir para puertos, al contemplar su hermas bahía le puso por nombre “Santa Lucía”, siguiendo la costumbre establecida por los exploradores hispanos de denominar los lugares de acuerdo con el santoral, correspondiendo, por lo tanto, a ese día, el 13 de diciembre de 1521, año en que concuerdan la mayoría de los historiadores en que fue descubierto Acapulco”. En las páginas 44 y 45 explica la contradicción entre García Cubás y Vito Alessio Robles, comprensible como una confusión de nombres.

La infaltable polémica.-

En relación con la denominación: Bahía de Acapulco. Todos sabemos que la preposición de, denota posesión o pertenencia, manifiesta de dónde son las cosas o las personas. Quiere decir que la Bahía es de Acapulco, porque está en Acapulco, y en este caso carece de sentido oponerla a su nombre Santa Lucía.

En relación a la denominación: Bahía de Santa Lucía, igualmente, y sin conducir a confusión ninguna, la preposición de, indica posesión o pertenencia en relación a una Santa Católica—es cierto—, pues el acto de ponerle nombre, que es un acto propio de posesión, de voluntad humana, típico de una mentalidad bíblica y por tanto católica, era uso y costumbre de “los exploradores hispanos del Siglo XVI” y por lo tanto católicos, que no puede ser negada en la historia, por muhco que hoy la mentalidad reinante en ciertos círculos pseudo intelectuales cause escozor y sobresalto.

Es cierto que si relaciones antigua o nuevas (como la de Bernal Díaz del Castillo), no dan el nombre de Santa Lucía al referirse a la Bahía de Acapulco, no expresan un ánimo de negar la existencia de un nombre, sino su desconocimiento, comprensible en alguien que escribe una historia o narración desde un lugar lejano sin trasladarse al sitio (como el caso de Bernal Díaz del Castillo), así como la comodidad para su lectores, que igualmente muchos de ellos nunca se trasladarán al lugar, pero les basta saber que la Bahía pertenece o está en Acapulco, y de este si tienen un conocimiento al menos básico. O en otros casos, la omisión del nombre puede deberse, al tratarse del nombre de una Santa, a una mentalidad más moderna de rechazo a la nomenclatura y los símbolos católicos o religiosos, aunque en esto se cae en una actitud poco objetiva.

Otro aspecto que ha tomado la polémica en torno a la Bahía de Santa Lucía, pretende sustentarse en que no hay UNA BAHÍA, sino ¡Dos! Según este brillante planteamiento, se habla de manera salomónica, tratando de dar un giro a la polémica en torno al nombre de Santa Lucía aplicado a la Bahía de Acapulco, sin distinción ni contraposición ni confusión; de modo que la Bahía de Santa Lucía sería la parte que abraza al Acapulco tradicional, teniendo como extremos desde Las Playas hasta—hipotéticamente—el Fuerte de San Diego a Las Brisas o Punta Diamante.

En relación con la cartografía, sabemos, por un excelente trabajo presentado por José Antonio Calderón Quijano, en 1971 en el Volumen IV de la Revista Estudios de Historia Novohispana, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, con el título: Nueva Cartografía de los puertos de Acapulco, Campeche y Veracruz (Trabajo presentado originalmente en Anuario de estudios americanos, XXV, en Sevilla, España, en 1968); que desde el primer plano conocido, hecho por Nicolás Cardona en 1614 (Descripciones Geographicas e Hydrigraphicas de muchas Tierras y Mares del Norte y Sur en la Indias Etc…) de escasa precisión-; pasando por el más conocido de Adrián Boot hecho en 1618, dado a conocer por Francisco del Paso y Troncoso—falto de proporción, y con técnicas primitivas—, y reproducido hasta la saciedad; la cartografía aplicada a Acapulco sólo alcanzará la modernidad hasta nuestra época, y ella no puede ser utilizada como base para dictaminar un tema que se le escapa, como es el nombre aplicado a la Bahía, tema que se maneja más en el ámbito de la historia, pues la cartografía misma que se analiza en este valiosísimo estudio, no deja de contener imprecisiones propias de cada momento histórico, que no por eso la hacen falsa, ni mucho menos la descalifican.

Por otra parte, el Diccionario Jurídico Espasa Siglo XXI, actualizado, en la voz: BAHIAS (Derecho Marítimo), explica: A los efectos de la Convención de Ginebra de 1958 sobre Mar Territorial y Zona Continua (B.O.E., núm. 307, de 24 de diciembre de 1917), y de la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar de 1982 (B.O.E., núm. 39, de 14 de febrero de 1997, UNA BAHIA ES TODO ESCOTADURA BIEN DETERMINADA CUYA PENETRACIÓN TIERRA ADENTRO, EN RELACIÓN CON LA ANCHURA DE SU BOCA, ES TAL QUE CONTIENE AGUAS CERRADAS POR LA COSTA Y CONSTITUYENTE ALGO MÁS QUE UNA SIMPRE INFLEXIÓN DE LA COSTA. Sin embargo, la escotadura no se considera como bahía si su superficie no es igual o superior a la de un semicírculo que tenga por diámetro la boca de dicha escotadura es la comprendida entre la línea de bajamar de sus puntos naturales de entrada. Cuando, debido a la existencia de islas, una escotadura tenga más de una entrada, el semicírculo se trazará tomando como diámetro la suma de las líneas que cierran todas las entradas. La superficie de las islas situadas dentro de una escotadura quedará comprendida en la superficie total de ésta como si formara parte de ella.