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Cultura turística del Estado de Guerrero

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El actual territorio del estado de Guerrero, desde antes de la llegada de los españoles presentaba un interesante mapa étnico, casi igual al de la actualidad, prueba de ello, son los más de mil 608 sitios arqueológicos (480 de ellos en la región Centro) que se encuentran registrados por el Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH), puede hablarse de una región pluriétnica conformada por mayoría de nahuas dispersos en gran parte del territorio; mixtecos, que ocupaban el extremo occidental, como parte de una vasta región mixteca, que se extiende actualmente por los estados de Oaxaca, Puebla y Guerrero; tlapanecos, asentados en la misma región occidental; amuzgos, que habitaban entre la región Costa Chica y la región mixteca y tlapaneca; y los purépechas, que vivían en la desembocadura del río Balsas y lo que hoy se conoce como la región Costa Grande.

Es importante mencionar que, además de las etnias que habitan hoy en día, existieron otros como los yopes, los cohuixcos, los chontales y los ocuiltecos; aunque estudios recientes afirman que a los me’ pháa o tlapanecos se les conocía como yopes.

Al parecer, los me’phàa o tlapanecos ya existían antes de la época teotihuacana en dos áreas del actual estado de Guerrero: en la Costa Chica y en la Montaña. Hubo dos tipos de me’phàa: los del norte, conocidos por los nahuas como me´phàas; y los del sur, conocidos como yopes. Ambos nombres provienen de los lugares del asentamiento: Tlapa y Yopitzingo, términos con los cuales los aztecas los designaron muchos años después.

Los me’phàa tuvieron una cultura avanzada, así lo muestran los sitios arqueológicos de Texmelincan, municipio de Atlixtac; Contlalco, municipio de Tlapa y Huamuxtitlán. La máscara de jade y turquesa, de influencia teotihuacana, encontrada en Malinaltepec y la existencia de los Códices de Azoyú I y II, con datos de 1299, son también testimonios de su notable desarrollo.

Tlapa incluía un territorio extenso situado en la porción oriental del actual estado de Guerrero: colindaba con la mixteca oaxaqueña y cubría una superficie de 10 mil 108 km2 que se extendía desde la margen izquierda del río Balsas hasta los linderos de las tierras bajas de la Costa Chica, en lo que ahora son los municipios de Azoyú y San Luis Acatlán.

Tlapa era el centro ceremonial más importante de la región donde habitaban los me’phaa del norte.

Se encontraba dividido en cuatro cacicazgos: Buáthá Wayíí (Huehuetepec), Mañuwiín (Malinaltepec), Miwíín (Tlacoapa) y Xkutií (Tenamazapa). La privilegiada ubicación geográfica del cacicazgo de Buáthá Wayíí le permitió crecer y extender sus dominios hacia el norte, siguiendo la orilla del cerro de la Reata hasta introducirse en forma de cuña en el territorio mixteco. El cacicazgo de Mañuwiín creció hacia el lado sur debido a la búsqueda de sal y a la intención de dominar la ruta comercial hacia el mar. Miwíín no pudo crecer debido a que su terreno era muy pobre y a que geográficamente se colocó fuera de la ruta comercial. Xkutií se apoderó de la otra ruta comercial hacia el sur.

Yopitzingo era la otra vasta región ocupada por los me’phaa, situada en los actuales municipios de San Marcos y Tecoanapa, que en conjunto tenía 2 000 km2 de superficie. Aunque no hay suficiente información sobre los yopes fueron considerados como un grupo muy rebelde que continuamente se desplazaba de un lugar a otro.

A partir de la expansión imperial mexica comenzaron las incursiones militares en el territorio de los me’phaa, quienes se mostraron aguerridos y ofrecieron continua resistencia. Sin embargo, en 1486 Tlapa cayó definitivamente, y fue quemada y bautizada por los aztecas como Tlachinolan (lugar ardiendo).

Una vez sometida, Tlapa fue incluida en la matrícula de tributos. En cambio, los yopes nunca fueron vencidos. Siguieron representando el mayor problema en las tierras del sur hasta la llegada de los españoles, lo que originó la admiración de los mexicas hacia ellos, de tal manera que adoptaron como propio al dios me’phaa Xipe-totec. El mismo año en que Tlapa es sometida por los aztecas, un grupo de migrantes sale de este poblado, pasando por Malinaltepec, y llega finalmente a fundar el pueblo de Azoyú.

Según diversos estudios sobre estos pueblos, los yopes-me’pháa constituyen el grupo étnico de asentamiento más antiguo de la comarca costera; es casi seguro que estuvieron presentes cuando se iniciaba el horizonte histórico que se remonta al año 1200 d. c., Los españoles llegaron a territorio me’phaa en 1521. Los nuevos conquistadores aprovecharon la estructura forjada por los aztecas e implantaron el sistema de encomienda.

Tehuacalco está adentrado en el territorio que al final de la época prehispánica era conocido como el Yopitzingo, careciéndose hasta ahora de investigaciones arqueológicas que versen sobre los yopes. De manera inmediata, el conocimiento que poseemos de los yopes se debe a escasas referencias e ilustraciones en el Lienzo I de Chiepetlán y en el Códice Tudela, así como breves menciones en fray Bernardino de Sahagún, fray Juan de Torquemada y fray Diego Durán, entre otros. También se posee algunas inferencias derivadas del estudio de elementos asociados al denominativo yope y al análisis de las representaciones de ese grupo (Cfr. Mesa Hernández 1986; Ortega 1941 y Vié-Wohrer 2002).

En general, sabemos que los yopes era un grupo semisedentario, sin un centro rector, aunque usando la representación en el Códice Tuleda, donde se asocia una coa y un hacha de metal, Vié-Wohrer (2002) considera que los yopes conocían la agricultura y la metalurgia. Al respecto, Sahagún presenta una contradicción, en un aparte señala que los “Yopimes y Tlappanecas” son “ricos”, mientras que en otra especifica que son “‘gente bárbara’, y son muy inhábiles y toscos, y eran peores que los otomíes” (Sahagún 2000, Libro X, Cap. XXX, T II, p. 960-970).

En la investigación de Elena Vázquez Vázquez (1965), hace un recuento de la distribución geográfica del Arzobispado de México en el Siglo XVI, para las provincias de Acapulco y Cuixca, observándose la existencia de un poblado donde se habla lengua Yope al oriente del Río Papagayo, en Anaquilco, lo cual puede corresponder a la concentración poblacional obligada por el régimen novohispano, o que, posiblemente el territorio yope o Yopitzingo no tenía una “frontera dura” en el Río Papagayo. Ajeno a ello, el Yopitzingo limitaba al poniente principalmente con un área extensa de grupos con lengua Tuzteca, mientras que hacia el noroeste se mezclaba con pueblos de lengua Tepuzteca y Camoteca (Vázquez 1965), y al norte con Cuixcas y las guarniciones mexicas de Tzumpango y Chilapan (Cfr. Barlow 1992; Berdan 1982; Davies 1968; Vélez 2004).

Arqueológicamente, esta parte del estado de Guerrero fue recorrida sistemáticamente por primera vez por Rubén Manzanilla y Arturo Talavera en los años 1991 y 1992 como parte del salvamento arqueológico ante la construcción de la autopista México-Acapulco. A finales de los años noventa, Guadalupe Goncen registra el sitio de Tehuacalco dentro del programa PROCEDE, mientras que en 2004, mediante el Proyecto Atlas Arqueológico de la Región Centro a cargo del Arqueólogo Miguel Pérez Negrete se hizo una inspección al sitio para conocer factores de afectación y el grado de conservación, observándose la necesidad de emprender tareas de salvaguarda y conservación en Tehuacalco ante sus características excepcionales.

Tehuacalco etimológicamente tiene varias traducciones:

“Lugar de la caja de piedra”: tetl-huacalli-co

“Lugar de casas de sacerdotes”: teo-hua- calli co

“Lugar de la casa del agua sagrada”: Teo-atl calli-co

Por una parte, los basamento construidos sobre lomeríos naturales hace figurar a las estructuras como grandes cajas de piedra; aunque los vecinos de la zona arqueológica dicen que se llamó Tehuacalco por ser “lugar de tehuacallis”, refiriéndose la palabra “tehuacalli” a las pozas o pequeñas oquedades prehispánicas creadas por el hombre sobre las piedras, y de las cuales se hallan algunas en las cercanías de Tehuacalco. Mientras que en el segundo significado, como centro cívico ceremonial, destacó Tehuacalco por los grandes basamentos de templos donde se realizaban ceremoniales religiosos.

Por último, al hablar de agua sagrada, se refiere tanto a la lluvia como al brote de agua de manantiales, llegando a encontrar en el Juego de Pelota varias piedras labradas con espirales, los cuales representan ojos de agua, manantiales, y cuyo simbolismo estuvo integrado a los elementos arquitectónicos.

Tehuacalco es el remanente de un asentamiento prehispánico que se ubica en el desemboque de un largo corredor intermontano que seguramente comunicaba el área costera con el altiplano central; se halla emplazado en lomeríos graníticos y con una extensión de aproximadamente 80 hectáreas. Su área cívico ceremonial posee una extensión de 20 hectáreas, donde se hallan diversas estructuras mayores entre las que destaca un juego de pelota alineado Norte- Sur y con cabezal cerrado en forma de I, y una gran estructura con cerca de 80 metros de lado. Cuenta también con otras estructuras como un juego de pelota y un petrograbado en forma de impronta de pies. El sitio fue emplazado en la cima de un cerro, usando grandes espacios en la disposición de las estructuras.

Además de su monumentalidad, el sitio es importante por el lugar en que se encuentra, que viene a romper el paradigma de establecido acerca de los yopes, quienes fueron considerados rebeldes, belicosos, que nunca pudo ser conquistado por los mexicas. Por lo que, siendo bárbaros semi-sedentarios, contrasta con las características de Tehuacalco, ahí encontradas.

Los objetivos principales del Proyecto Arqueológico Tehuacalco es conocer aspectos culturales trascendentales del grupo yope y conformar una nueva zona arqueológica abierta al público en un área estratégica, para diversificar las actividades turísticas alternativas, por su cercanía y fácil acceso, ya que se ubica en la porción sur de la Región Centro del estado de Guerrero, en el Municipio de Chilpancingo, cerca ya del límite con el Municipio de Juan R. Escudero y de la Ciudad de Tierra Colorada. Se accede por carretera desde Chilpancingo o Acapulco, haciendo alrededor de 50 minutos desde cualquiera de las dos ciudades. Estará abierto al público antes de la temporada de invierno 2008.